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En 1998 Atalaya lleva a escena por vez primera a Valle Inclán. "Divinas palabras" es la obra cumbre del genial autor gallego. El espectáculo ha recorrido más de 130 ciudades europeas obteniendo el Premio Nacional Ercilla así como el Premio al Mejor Director Andaluz de 1998. En marzo de 1999 alcanzó el número uno del "ranking" de la crítica de Barcelona. Por todo el país la crítica lo ha considerado como uno de los montajes valleinclanescos más eficaces por el dinamismo de la puesta en escena, el tratamiento expresionista de los personajes y el trabajo coral de los actores. Once años después Atalaya lo recupera, incorporando nuevos elementos.
"Divinas palabras" supone el punto de inflexión de Valle entre su teatro mágico, rural y galaico -que por su tinte de crueldad anticipa los postulados de Artaud- y el esperpento, más urbano y con ribetes más políticos -preludio del teatro de Bertold Brecht-. Es la única obra de Valle que contiene ambos, y ahí radica su atractivo y riqueza.
Estamos ante una galería de personajes sórdidos y miserables. El propio autor hace hincapie en "la acción colectiva de la masa coral"; el mundo coral -pueblo, mendigos- es el verdadero protagonista.
"Es obra de infinitos matices, de ritmos variados, pero dentro de una indestructible unidad melódica. Las voces tienen aquí un valor extraordinario (...) Una sinfonía de colores"
"Goya rimó lo grotesco y lo trágico en sus lienzos estupendos; fue una excepción en el arte español. Yo creo haber sido el primer literato castellano que armoniza lo lírico y lo grotesco."
El eje del conflicto gira en torno a un enano monstruoso y su madre, que lo pasea de feria en feria para pedir limosna. El horror lo motiva la explotación que sufre el niño por su propia madre y la que hacen todos los familiares cuando ésta muere. Avaricia, lujuria y, por supuesto, envidia..., convierten las atmósferas oníricas y festivas en ámbitos donde predomina la crueldad y lo grotesco que rinden tributo a la muerte.