“Rey Lear”, de Atalaya

“Rey Lear”, de Atalaya
29/06/2018 Charo Racero

El preestreno del que supone el 24º espectáculo de Atalaya será el próximo 20 de julio en el Festival de Teatro Clásico de Olmedo, a continuación Rey Lear viajará hasta el XXXIV Festival de Teatro y Danza Castillo de Niebla.

Rey Lear se estrena en un año especial en el que se conmemoran los 35 del grupo y los 10 desde que recibiera el Premio Nacional de Teatro. Representa la segunda adaptación y puesta en escena sobre textos de Shakespeare y en concreto aborda el que, según muchos estudiosos supone el más logrado de todos ellos, lo que equivaldría a decir de todo el teatro universal. Si bien durante siglos estuvo semiproscrito por su dura crítica contra los poderosos, lo cual le imprime plena vigencia en nuestros días.

Estamos ante el Shakespeare con mayor madurez, pero también con mayor sensibilidad social y humanismo,  de una tremenda modernidad. Podría parecer que sus palabras fueran escritas por un filósofo revolucionario contemporáneo, pero su forma es de tal belleza poética que se sitúa en otra dimensión que el resto del teatro universal.

Carmen Gallardo, a quien se ha rendido la crítica dentro y fuera de nuestras fronteras por sus recreaciones de personajes –especialmente de Celestina y Madrecoraje-, toma el testigo de Nuria Espert y Glenda Jackson –actrices que han encarnado recientemente a Lear- para componer, con una estremecedora sensibilidad y fiereza a la vez, al Rey Lear, uno de los personajes con mayor riqueza de matices de la historia del teatro. Despotismo, infamia, arrogancia y ceguera van dejando paso a lo largo de la obra a patetismo, grotesco, autodestrucción, pasando por el desprendimiento y la fraternidad… y finalizando en la heroicidad, la autenticidad, la dignidad, la ternura…. y, en medio de todo ello,  la locura. Ningún otro personaje de la historia atraviesa semejante recorrido, secundado por otros protagonistas de la obra.

Atalaya aborda esta joya tras el éxito que supuso  Ricardo III, uno de sus espectáculos  más premiado y alabado por la crítica; del cual  expertos en Shakespeare aseguraron que parecía haber sido producido en Inglaterra, por su tono interpretativo y por sus logradas atmósferas. Desde aquel montaje el equipo estable de actores ha encarnado muchos otros personajes del teatro universal, pero especialmente han resultado valiosos para su crecimiento artístico Celestina, Madrecoraje y Marat/Sade, un crecimiento que alcanza su cénit en Rey Lear, que viene como anillo al dedo al momento álgido que vive Atalaya.

Especial relieve tiene la interpretación coral que ha ido ganando en importancia en los montajes. Los nueve actores están presentes en escena a lo largo de todo el espectáculo incorporando a los nueve personajes principales, secundarios y coros de soldados y desharrapados. Los actores modifican ante el público el espacio escénico en múltiples ocasiones –tal como requiere la obra-, apoyándose en una trepidante coreografía y en más de una decena de vibrantes cánticos interpretados en vivo.

LA OBRA

Rey Lear se basa en un cuento popular que aparece incorporado a la historia antigua de Inglaterra desde el siglo XII. Cuentan las crónicas que el viejo Lear quiso conocer el grado de afecto de sus tres hijas para designar como sucesora a quien más le quisiera. Dos se deshicieron en halagos y la menor le contestó que le quería como padre y nada más. Le pareció poco al rey, por lo que la castigó. El tiempo y las peripecias vendrían a demostrar más tarde que era la única digna del trono que, por fin, tras una guerra con las hermanas, consiguió.

Shakespeare amplía y transforma la trama, infundiéndole una visión  personal. Paralelamente a la propia historia de Lear, plasma la de Gloucester y sus hijos. El resultado supone una experiencia extrema de dolor, locura y destrucción expresada crudamente y sin reservas.  La obra representa una travesía sobre la emoción y el sentimiento humano pero con una denuncia muy fuerte hacia los potentados y una toma de partido en favor de los desheredados.

Los grandes temas que subyacen en la obra: naturaleza, locura, caos, ambición… están llevados a la mayor dimensión que se haya escrito jamás, dotándola de un potencia extraordinaria que provoca una catarsis en el espectador fuera de lo común.

Rey Lear, con sus intimaciones apocalípticas, empezó a tolerarse entre el público –y a configurarse críticamente- justo después de la Segunda Guerra Mundial, tras el exterminio judío y la destrucción de Europa. De hecho, a medida que han pasado los siglos y se ha ido agravando el desahucio del hombre, esta obra ha sabido acoger en su lectura, como ninguna otra tragedia y gracias sobre todo al tercer acto, las vivencias más extremas que la sociedad ha ido experimentando.

Emily Dickinson afirmaba que Shakespeare es nuestro futuro y Jan Kott, prestigiosísimo crítico polaco escribió en 1963: Sin duda “El Rey Lear” es reconocido por la crítica moderna como la gran obra maestra, al lado de la cual incluso “Macbeth” y “Hamlet” son aburridas y vulgares. “El Rey Lear” es comparada con La Misa de Bach en B Menor, con la V y IX sinfonías de Beethoven, el Parsifal de Wagner, la Piedad de Miguel Angel o el Infierno y el Purgatorio de Dante.